viernes, 7 de octubre de 2011

Día 11. En tierra de nadie.

Viernes, 07 de Octubre.


En el CPN, como cada miércoles y viernes en la tarde, llegábamos uno a uno e íbamos adentrándonos en la búsqueda de fichas u otras labores; entre tanto, Josefina (nuestra alíada, enfermera del CPN de Arroyo Hondo) recibió una llamada y posteriormente nos comunicó que la doctora nos esperaba en la UNAP del Juan XXIII. El mandato fue llegar todos juntos, así que esperamos a estar todos y retrocedimos unos metros hacia nuestro nuevo destino.

Nos recibieron en la entrada, como “newbies” al fin, ya que la mayoría no conocían el centro. La Dra. Olivares nos dirigió hasta la emergencia, la cual está dividida por habitaciones, destinadas cada una a un área específica. Nos dividimos entre las tres salas existentes: Cirugía, Pediatría, Gineco-Obstetricia y Medicina Interna. A sinceridad, todos querían quedarse en cirugía, con la esperanza de que quizás llegarían a suturar. Por mi parte, no dudé en dirigirme a la sala de pediatría, sin duda por la nobleza, paciencia y delicadeza que inspira esta rama.


La dinámica de la emergencia me pareció un poco desorganizada, más que nada por el común flujo excesivo de pacientes en relación al personal disponible. Por lo que nos pareció una misión implícita la de ayudar con lo que posible dentro de nuestras posibilidades como estudiantes, dígase el examen físico y recolección de información de cada paciente. Los doctores nos escuchaban como si presentáramos un caso en rotación y nos decían qué nos faltaba en el examen o simplemente se limitaban a escribirles una receta a las madres.

Personalmente, tuve una experiencia que será quizás común a muchos, pero sin duda me hizo sentir algo impotente. Un señor aludía tener poco rato de haber llegado, estaba acompañado de un joven, quería que se le tomara la presión; le expliqué calmadamente que necesitaba sentarse unos minutos antes de que fuera posible tomarle su presión, le expliqué además el porqué de esto, mas el señor solo pensó que tardaría horas esperando y salió por la puerta de manera violenta mientras intentaba convencerlo con palabras. El joven quedó detrás y se disculpaba conmigo ante la actitud de su acompañante, aún así esto no logró aplacar el sentimiento del momento.

Varios compañeros acudieron a la sala de pediatría en búsqueda de asistencia, percatándome de que no solo era cuestión de un área, si hay carencia de personal y los pacientes se sentían algo desatendidos. Claro que las circunstancias jugaron un papel determinante en la situación que vivimos hoy, el personal tenía unas conferencias a las cuales asistir, pero se mantenía activo dentro de las posibilidades del día.

Y bien, como todo conocimiento aprendido siempre demuestra ser útil, usualmente más temprano que tarde, llegué a usar la fórmula de dosificación para el Acetaminofen =D. Fue realmente un día para poner a prueba ciertos conocimientos.

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